Feliz Día de Muertos

Pareciera una locura o una contradicción pero es real. Nadie se sentiría feliz el día de su muerte, porque la muerte acaecería antes de que llegara la felicidad. Mientras esté vivo, no puede ser un muerto, si en ese momento se siente feliz es porque está vivo, no muerto, aunque al instante siguiente muera de modo repentino o se suicide, muere y se acabó todo. Ya no está vivo, ya no puede ser feliz o infeliz.
Los felices o infelices somos los vivos, los que festejamos determinada cosa, en este caso, el día de muertos. No porque nos haya gustado que los otros mueran, mucho menos los seres queridos, a ello más bien les desearíamos “larga vida”. Festejamos no la muerte sino la vida. En primer lugar hacemos fiesta y eso quiere decir encuentro o reencuentro con los suyos. Y eso merece de entrada una felicitación. En segundo lugar esa reunión se hace en torno a los que estuvieron cerca de nosotros en algún momento, principalmente los familiares, o sea en torno a los muertos. En tercer lugar recordamos acontecimientos acaecidos en vida de los ahora difuntos, incluso historias o anécdotas de los ya difuntos, pero que fueron significativas en algún sentido para nosotros. En cuarto lugar, a partir de ese momento de encuentro recordamos hechos que nos han dado la consistencia actual. En quinto platicamos proyectos y sueños. Todo esto rodeado de emociones profundas de alegría y lágrimas, de gozo y tristeza, de ira y tranquilidad.
Los antiguos veneraban a sus muertos. En otros lugares se piensa en la reencarnación o en la resurrección, ambas interpretaciones tienen connotaciones muy distintas. Los muertos pertenecen al ámbito religioso. En otras culturas son más bien objetos de terror impulsados por la ficción de Hollywood y demás compañías cinematográficas, bastante redituables al bolsillo de los productores. En México la muerte es, además, motivo de risa con las caricaturas de José Guadalupe Posada quien dibuja calaveras de todo tipo realizando acciones costumbristas mexicanas, y abarca tanto a los humanos como a los animales.
Finalmente el día de muertos fue un día feliz, sin clases. No sé porqué el mayor regalo que siente un alumnos es no tener clases. Será que hemos convertido a la escuela en un centro de tortura y no en un espacio en que se desborde la alegría por aprender.
 De hecho, lo que celebramos el día de muertos no es la muerte. Diría Bloch que la muerte es la nada, la más pura antiutopía. Aunque hay muchos que se arrodillan ante la nada cuando asumimos formas de vida altamente destructivas, o cuando buscamos directamente la muerte propia o la de otros. Incluso existe la muerte institucionalizada y legalizada y desde luego agentes de la muerte. No festejamos la muerte por la muerte sino la VIDA.
Es la alegría de vivir la que da sentido tanto a la vida como a la muerte. El morir como el culmen de toda una vida llena de  un desarrollo personal humano es lo más glorioso que podemos buscar. Comentan algunos que lo que más lamenta el moribundo no es tanto lo que hizo sino lo que dejó de hacer. La muerte llega principalmente en la vejez, cuando la persona ha acumulado conocimientos, sabiduría, aunque también vicios y enfermedades. Imagina que nadie muriera, aún estaríamos conviviendo con nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos etc. Sería una vida de ancianos achacosos y necios. Por eso es necesario dejar paso libre a las nuevas generaciones cuando se han acabado las fuerzas, la salud, la creatividad. El legado ya quedó y corresponde a las nuevas generaciones continuarlo o modificarlo.
Pero la muerte nos recuerda que la vida es corta y es necesario vivirla en toda su intensidad, en plenitud. Una de las imágenes que tengo presente es la de Rose en la película de Titanic, cuando es invitada a ir al barco explorador a reconocer los objetos que se habían rescatado del barco hundido hace decenas de años. Al llegar al camarote que le asignan para hospedarse en el barco mientras dura la exploración, lleva sus fotos de cuando montó a caballo y de cuando piloteó un avión, en la primera mitad del siglo XX, algo difícil para una dama en esos tiempos. Ya sé que es ficción creada por el guionista, pero lo importante es el mensaje.
Heidegger nos recuerda que el hombre es un ser para la muerte, el único ser que sabe que va a morir. Y es cierto. Pero también podemos recordarle al filósofo mencionado que este ser-ahí es el único ser que sabe que vive, que tiene en sus manos el presente y puede construir su futuro, que tal vez es lo más importante. En lugar de concentrarnos en lo inevitable es preferible atender lo posible para crearlo. De este modo la angustia queda relegada a un segundo plano y la esperanza pasa al primero.
Hay muertos en vida. Gente que vagabundea por la calle sin rumbo ni destino. Aquí no importa la raza, sexo, origen o condición social. Viven la vida como les llega, así, sin ningún objetivo ni meta. Prácticamente sobreviven a lo que les viene. Y más bien están a expensas de las decisiones de los otros. Mejor diríamos que sufren la vida en vez de gozarla. Puede ser que tengan riquezas y poder, o estén perdidos en el alcohol y las drogas, pero en eso no está la vida. Solamente vegetan porque les hace falta el sentido humano de la vida, el para qué viven. Han perdido el “centro” de su vida. Una vida así no merece vivirse.
Una de mis alumnas, que era médico, participaba en una clase de Antropología y Educación a nivel maestría en la Cd., de Oaxaca. En esos días tratamos el tema de la muerte. En algún momento le pregunté si le habían tocado casos de muerte y cuál es el proceso que sigue una persona que muere. Comentó con bastante objetividad, no tanto con frialdad, los casos que había atendido. Nos llamó la atención la forma tan objetiva de ver la muerte, como algo hasta cierto punto normal pero que corresponde a la realidad.
También, en otro grupo de la misma asignatura uno de los alumnos no se atrevió a exponer el tema de la muerte, aunque le había tocado por sorteo. Es más, ni siquiera se atrevía a mencionarla. Tal vez tuvo una experiencia muy desagradable con un ser querido.  En cambio, en otros casos resulta muy interesante el trato que se le da. 2 de Noviembre de 2010
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