Y la ciencia 2ª parte

CaracolPrecisamente Gödel se propuso analizar la fundamentación de la ciencia, en especial de las matemáticas y sistemas lógicos afines, con el propósito de asegurar su coherencia interna. Tal vez no era necesario hacerlo, pero si la ciencia presume de su fiabilidad, vamos revisando sus fundamentos. Finalmente las matemáticas constituyen un lenguaje lógico, y como tal podríamos pedirle que, siendo consistentes con su procedimiento, lógicamente pruebe sus propios fundamentos. El resultado es sorpresivo. No se puede llegar a tal solución porque los axiomas son indemostrables, pero sobre todo porque son puntos de partida, más bien son las creencias básicas con las que opera la ciencia, sólo queda aceptarlas porque son indemostrables. Pareciera que estamos en el terreno de la fe.
Me recuerda el cometido de Kant que se propuso demostrar científicamente la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la libertad. Con este objetivo pone los presupuestos del conocimiento en la Crítica de la razón pura. Termina diciendo que no se pueden comprobar. Pero sin embargo debemos vivir como si Dios existiera, como si el alma fuera inmortal y como si existiera la libertad. Podríamos decir que también caemos en el terreno de la fe. 
De igual modo sucede con las matemáticas, sus axiomas no pueden probarse ni refutarse, pero sin embargo debemos operar como si estos axiomas fueran verdaderos. No es posible probar la consistencia dentro del mismo sistema, será necesario salir del sistema para sostenerlas, y así debemos trabajar. Si eso sucede con lo más confiable que tenemos en la cultrua que son las matemáticas, ¿qué sucederá con las demás ciencias?
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Un comentario en “Y la ciencia 2ª parte

  1. En efecto, así sucede con todas las disciplinas del conocimiento humano: son autoreferentes pero sin justificar con acierto su propia fundamentación.

    No ocurre así con lo que Guénon llamaba el conocimiento “no humano” (que cada cual opine lo que quiera al respecto), la Metafísica, en un sentido espiritual mucho más amplio que cualquier filosofía racional. Hay un libro que es la clave de bóveda de todas las tradiciones espirituales de cualquier época: “Los estados múltiples del ser”, del citado René Guénon. El iniciado francés no resulta nada original en él pues no se trata de una obra suya, sino que se hace eco de algo que, de una forma u otra le supera.

    En el pensamiento antiguo la lógica tenía su importancia pero no se consideraba más que una aplicación secundaria y transitoria de alguno mucho mayor que superaba cualquier cosa imaginable. Desde este punto de vista, la lógica, las matemáticas y las demás ciencias, hundían profundas raíces en el espíritu, del que provenía la verdadera justificación de su existencia. Y esa justificación, y demostración, era vital y no intelectual.

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