Antes de conocer

Jhon Locke afirmaba que la mente era como una hoja de papel en blanco “tam quam tabula rasa” en la cual se va escribiendo todo lo que conocemos de modo que las impresiones de los sentidos quedan guardadas en la mente. De este modo argumentaba a favor del empirismo como Teoría del conocimiento.
Los idealistas por su parte afirmaban que el conocimiento se obtenía, como decía Descartes, al obtener las ideas claras y distintas de las cosas. De modo que no era necesario percibirlas pues bastaba que se tuviera la idea de ellas. Por ejemplo, si quiero conocer un país, era suficiente con conocer el mapa, leer sobre ese país y con eso ya tengo el conocimiento. Tal vez la situación sea más clara en el caso del idealista trascendental que fue Kant: Comentan sus biógrafos que nunca salidó de su ciudad natal Köenisberg, en Alemania, pero era un gran conversador, y cuando pasaba un viajero por la universidad lo escuchaba con absoluta atención y grababa en su memoria lo que decía, le preguntaba sobre los lugares que habìa recorrido y detalles de calles, de fuentes, y otros espacios que asombraban al viajero, pareciera que Kant había estado allí. Parael filósofo era suficiente tener la imagen, la idea de los lugares para conocerlos y no necesitaba salir de la universidad.
Precisamente Kant, en un intento de unir empirismo e idealismo decía que la mente no está en blanco, sino que existen determinados elementos que organizan la invformación que nos llega a través de los sentidos como son las intuiciones de espacio y tiempo y las 12 categorías, con las cuales organizamos en el pensamiento todo lo que llegue por los sentidos. No son conocimientos, sino especie de coordenadas para organizar el conocimiento.
Actualmente sabemos que antes de conocer existe una serie de condicionamientos que son como cristales de colores a través de los cuáles conoce la realidad, son condicionamientos psicológicos, orgánicos y sociales, entre los principales. Depende de su organismo como va a captar la realidad: una persona enferma, una que tenga problemas en la vista, un niño, un adulto, un anciano, van a percibir el mismo objeto de diferente manera. Lo mismo una persona que está descansada, una persona con estrés, un neurótico, cada uno tendrá una percepción diferente del mismo objeto. Un indígena, un mexicano, un alemán, un rico, un pobre, cada uno tiene condiciones sociales que alteran la percepción desde su cultura, historia y condición de clase.
De modo que antes de tener enfrente al objeto de conocimiento la persona, todas y cada una, tiene esta serie de condicionamientos a través de los cuales percibe el objeto y lo hace de manera diferente. De modo que no hay percepción neutral del objeto, no puede haberla.
Lo que si podemos hacer es hacernos conscientes de nuestros propios condicionamientos y saber que estos moldearán nuestra percepción. Y que lo peor es negarlos, ocultarlos o ignorar que existen y creer que todos percibimos lo mismo.