Minientrada

El perro y el policía

huella

Esperando la salida del autobús vi pasar junto a mí a un hermoso ejemplar de labrador golden retriever. De inmediato me acordé de Frida, una perra de la misma raza, que hace poco me tiró accidentalmente en la carretera cuando se asustó con otros canes que le ladraron furiosos, me dio vueltas queriendo huir mientras yo sostenía la correa y finalmente lo logró, ocasionandome la luxación del codo. Mi impulso primario fue acariciarlo pero la actitud del perro me detuvo, en eso levanté la vista del celular y vi al policía antidrogas que lo sostenía con una correa. Ya no me moví, el perro se siguió por la fila con gran alivio mío. No es que llevara algo que me creara problemas más que  ropa, un cuaderno y la laptop, pero el hecho de que el perro se detuviera frente a mí, llamaría la atención de su guardián y no auguraba nada bueno. Por lo menos un susto.

Recordé que hace unos meses estaba en el aeropuerto de la Ciudad de México esperando la salida del vuelo a Tijuana. Cuando vi que ya era hora me acerqué a la puerta de acceso, y al cruzar el punto donde hay que quitarse todo lo de metal y pasar por los rayos X, se acercó una policía antidrogas a mi maleta, me preguntó si era mía, al confirmarlo me dijo que me esperara un momento. Y mientras me colocaba el cinturón, los zapatos y tomaba mis cosas, tomó una muestra de polvo blanco que había sobre mi maleta y se la llevó a revisar a unos diez pasos de donde me encontraba, mientras un policía se quedó alerta frente a mí cuidando mis movimimientos. Al minuto regresó y me indicó que ya podía pasar. Yo estaba tranquilo porque muy bien sabía que ese polvo blanco era del azúcar glass de las donitas que había comido en el pasillo recargado junto a una columna, puesto que en esa zona no hay sillas de espera, mientras esperaba la hora de salida, y sin darme cuenta algunas motas de azucar habían caído sobre mi mochila negra. De todos modos respiré aliviado, no sea que me fueran a sembrar alguna evidencia o alguien más hubiera consumido droga estando mi mochila abajo y se le hubiera caído algo de ese polvo.

Por eso tampoco me incomodó que el perro pasara frente a mí así como lo hacía con los demás pasajeros; cuando se alejó unos pasos levanté aún más la vista y noté que otros cuatro policías armados, entre ellos una mujer, seguían con atención los movimientos del animal. Uno llevaba un radio y entre todos cubrían las puertas de salida, esperando la reacción de alguno de los pasajeros. Perro y policía llegaron al fondo de la sala, pasaron por la fila de enfrente, por los pasillos intermedios, luego por un conjunto de maletas grandes sin hacer algún movimiento extraño, pero finalmente se detuvo frente a una jovencita de la primera fila, sin hacer otro movimiento más que estar mirando fijamente su maleta.

La mujer policía se acercó a la joven y le dijo algo que no alcancé a escuchar por el ruido de la sala, de los altavoces y la distancia a la que me encontraba. Ella hizo una mueca de sorpresa, se levantó de su asiento y la cercaron los demás policías, tomaron su maleta y la llevaron a los andenes, a un espacio inmediato pero fuera de la vista curiosa del público, supongo que para revisarla e interrogarla.

No han de haber encontrado nada porque despues de unos diez minutos apareció, llevaba en una mano su mochila y en otra una cobija color de rosa con dibujos. Se subió de inmediato al autobús que tenía enfrente, en ese momento no estaba el chofer, los pasajeros ya estaban en su lugar, de inmediato regresó el conductor con un vaso de café en la mano, subió al autobús y salió. Tal vez sólo la estaba esperando.

Ya me imagino el susto que tuvo la joven, tendría unos 18 años, delgada, piel blanca, facciones finas, ropa juvenil, de moda. Estaba sentada con el celular en la mano, sin ninguna preocupación, y que de pronto un perro guía de policías antinarcóticos se pare frente a ella y se la lleven escoltada para una revisión no ha de haber sido nada grato. Ha de haber sido el gran susto de su vida, algo para contar a sus descendientes.

¿El perro se equivocó? ¿El policía interpretó mal la acción del perro? No lo sé.

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