Anaximandro

El ápeiron y más alláVivió en Mileto a mediados del siglo VI aC. Afirma Xirau que es el primer filósofo que se interroga explícitamente por el arché, del gobierno o principio de todas las cosas. Me llama la atención el hecho de que no eran filósofos “contemplativos” sino que tenían intereses prácticos porque se interesó en la política y fundo una colonia en Apolonia, además de que dibujó el primer mapa. En astronomía afirmó que la tierra es cilíndrica y está suspendida en el centro del espacio, rodeado de estrellas, todas ellas hechas de fuego
La filosofía no comenzó siendo desde el principio una profesión o una actividad a la cual se dedicaran las personas, sino sólo una actividad entre tantas, surge como una reflexión personal que no se conforma con las respuestas ordinarias que se dieron en su tiempo, por ejemplo, con las respuestas homéricas que a todo daba una explicación religiosa. No es que no creyeran en la religión, sino que esa respuesta no les era suficiente para su curiosidad. Así, la filosofía va más allá del sentido común, más allá de las respuestas sabidas. No es que quieran complicarse la vida o enrredar el hilo, sino que es una búsqueda continua de la verdad, siempre tan elusiva.
La importancia de la filosofía es que con su reflexión le va dando sentido a la vida, a todo aquello a lo cual se dirige. Finalmente todos tenemos algunos pensamientos o ideas, sean personales o de la cultura del entorno, y tratamos de actuar de acuerdo a ellas. Decidimos lo que es bueno o malo, cómo deben hacerse las cosas, para qué es el hombre y la mujer, cómo debe ser la relación entre ambos, como vivir en sociedad, entre otros muchos pensamientos. Eso es filosofía. Finalmente es aprender a pensar por cuenta propia.
Por otro lado existe la versión técnica de la filosofía, la que va recopilando el pensamiento de los grandes filósofos y va incorporando su lenguaje técnico a sus formas de expresión. Esta es muy necesaria porque concentra el pensamiento generado a lo largo de la historia y va formando parte del acervo cultural de la humanidad. De este modo no estamos regresando a los presocráticos a cada momento, sino, como dice Copleston, significa subirnos a los hombros de los grandes filósofos y atisbar al menos, desde su altura, lo que ellos en su momento vieron, para después bajarnos y decidir qué hacer, e incluso evaluar si lo que ellos dijeron es lo más adecuado para el tiempo actual.